Educación, lucha política y cambio cultural en América Latina

Convegno "La speranza del cambiamento, ripensare la pedagogia di Paulo Freire oggi", Pinerolo 16/2/2008 - Trduzione italiana

di German Gutièrrez

Los debates en torno a la educación en América Latina en los últimos 50 años han estado fuertemente marcados por los cambios políticos, cambios que dan pie a tres grandes períodos significativos:

1 desarrollismo, revolución cubana y propuestas de radicalización del desarrollismo.
2 ascenso de las dictaduras de seguridad nacional, implantación del régimen neoliberal.
3 crisis del neoliberalismo y cambio político y cultural en la región

En cada uno de esos momentos, el debate acerca de la educación puso en evidencia distintos enfoques, programas, y políticas educativas, y al mismo tiempo distintas resistencias y propuestas alternativas.

El desarrollismo y la lucha por el cambio

Puede decirse que el proyecto desarrollista se planteó como objetivo central la superación del atraso económico mediante la modernización económica basada en la industrialización y tecnificación del campo, la integración del conjunto de la población mediante un amplio mercado interno (impulso a los medios de transporte y comunicación), la ampliación del consumo interno, el fortalecimiento de la clase media, y la creación de un marco institucional de derechos universales y de legitimación y regulación jurídica de los conflictos de clase.

Herramienta fundamental de este proyecto debía ser el Estado, como promotor de nuevas inversiones y mentalidades tanto dentro de los grupos de poder (todavía con concepciones muy tradicionales de la economía y la política, vinculadas a la sociedad predominantemente agraria y comercial del siglo XIX) como también dentro de las clases trabajadoras promoviendo una capacitación técnica y laboral adecuada al nuevo proyecto de desarrollo. El Estado debía hacer grandes inversiones en una educación orientada a fortalecer este proyecto industrializador y de integración económica interna entre campo y ciudad. Se crearon un sinnúmero de instituciones orientadas a la consolidación de este proyecto de integración y modernización nacional basado en la dinámica económica.

El esquema que subyace a este proyecto desarrollista fue predominantemente económico, con enfoques racionalistas y nacionalistas, aunque fuertemente mimético y dependiente de los patrones de desarrollo europeo y norteamericano. Sin embargo se trató de una ruptura progresista respecto a las ideas de los sectores más conservadores de la sociedad vinculados a la iglesia católica, la propiedad agraria y los poderes políticos locales rurales y semirurales.

Se amplió la cobertura educativa a nivel universitario fortaleciendo y creando nuevas carreras técnicas y científicas (incluidas las ciencias sociales de corte funcionalista), se crearon muchos centros de formación técnica básica y técnica media tanto en el campo como en la ciudad, orientados a la formación de mano de obra calificada para la industria y la agroindustria. Los altos índices de analfabetismo en la región y las formas de trabajo artesanales y de baja productividad así como las relaciones laborales marcadas por el compadrazgo, la servidumbre y el autoritarismo paternalista eran obstáculos para este proceso modernizador. Por tanto la reforma educacional se acompañó de reforma laboral que estableció el respeto a la organización de patronos y trabajadores, formuló las reglas para dirimir los inevitables conflictos de clase, y brindó seguridad a cada una de las partes para la estabilización del proceso económico. También se promovieron políticas de modernización y tecnificación de las empresas, modernización del Estado y de la carrera administrativa, etc.

Desde los partidos comunistas y los sindicatos que eran los principales movimientos sociales de la época, este ideario desarrollista se compartía aunque se lo criticaba por estar fundamentado casi exclusivamente en un interés modernizador de carácter capitalista y al servicio de los grupos industriales. Se apoyó este proyecto democrático capitalista pero al mismo tiempo se impulsó la formación y organización obrera y campesina, para que una vez consolidada la modernización democrático capitalista fuera posible una transformación de tipo socialista.

Desde otra perspectiva, la revolución cubana criticó del desarrollismo latinoamericano su carácter burgués y oligárquico, su concepción funcional y no ética de la promoción de la educación y la organización de los trabajadores. Criticó que la integración a la nueva dinámica económica sólo beneficiaba sectores industriales de punta y ligados al capital transnacional pero no a todos los sectores económicos ni a todos los trabajadores. Criticó fuertemente la política imperialista del gobierno norteamericano respecto a la región, y la dependencia y sometimiento de los gobiernos latinoamericanos respecto a dichas políticas. Planteó la importancia del carácter antimperialista de la lucha y no sólo el carácter clasista, y la posibilidad de una transición directa al socialismo sin necesidad de crear una sociedad capitalista democrática como proponían el desarrollismo y los partidos comunistas.
Sin embargo, el proyecto de desarrollo implementado por la revolución cubana por otra parte también puede ubicarse en el marco del ideario desarrollista, por su visión del desarrollo fundado en la producción industrial sustitutiva, la diversificación de exportaciones, el impulso técnico-científico en la producción, el rol del Estado en la promoción de la economía, el carácter nacional del desarrollo industrializador, y de manera más amplia por su concepción de modernidad.

El impacto de la revolución cubana en el continente fue inmediata y decisiva para el surgimiento de movimientos revolucionarios urbanos y rurales en todo el continente. Mostraba que un cambio revolucionario en América Latina sí era posible, y era posible en el presente y no en un futuro genérico justificado por una presunta ley histórica o una aspiración utópica. Esto modificaba todas las coordenadas de la discusión y el debate político y le imprimía a las opciones prácticas éticas y políticas un peso inédito. En el campo del pensamiento, la revolución cubana tuvo un rol decisivo en la formulación de un pensamiento crítico latinoamericano que intentaba interpretar de una manera más original y propia la realidad latinoamericana y se distanciaba de los enfoques ortodoxos del llamado marxismo soviético, tomando en cuenta el enfoque clasista pero tomando más en cuenta la realidad, la historia y la cultura latinoamericana como fundamento del pensamiento crítico. En este sentido planteaba una crítica al marxismo ortodoxo, estimulaba la búsqueda de pensadores marxistas más originales y heterodoxos como fuente inspiradora, así como las propias tradiciones revolucionarias latinoamericanas en sus luchas anticoloniales.

De esta manera, durante los años sesenta, intentando superar las estructuras educacionales más tradicionales de corte conservador, rural, clerical y oligárquico, coexistieron en el continente, al menos tres enfoques desarrollistas claramente diferenciados: el enfoque burgués progresista representado por el pensamiento de la CEPAL, el enfoque desarrollista promovido por los partidos comunistas que proponía un largo y cada vez más profundo proceso de reformas como condición del cambio revolucionario, y el enfoque de la intelectualidad crítica más radicalizada y cercana a los movimientos de liberación nacional fuertemente inspirados en la revolución cubana, para el cual la tarea prioritaria era la revolución de liberación nacional como condición de la eficacia de las reformas sociales estructurales.

Las grandes diferencias entre estos tres enfoques eran políticas e ideológicas, pero compartían todas ellas una matriz de pensamiento que podemos hoy identificar como moderna (por su concepción de la razón y de la verdad, de la libertad del individuo y los derechos humanos, del progreso, de la ciencia y la técnica, por su universalismo), estructuralista, industrialista, estatal-intervencionista (tanto keynesiana como socialista).

Sus diferencias eran fundamentalmente en torno a la pregunta por el carácter de las transformaciones (capitalista o socialista y de liberación nacional), por los sujetos de las transformaciones necesarias y posibles (en un caso la burguesía industrial, en otro la alianza entre la clase obrera y burguesía nacional progresista, y en el tercer caso entre la intelectualidad crítica y los sectores obreros, campesinos, estudiantiles, marginales urbanos dinámicos y susceptibles de la acción revolucionaria) y las líneas y prioridades de la acción (reforma y modernización de las instituciones y creación de una capa de profesionales, técnicos e intelectuales al servicio del proyecto industrializador; en otro caso, la construcción de la alianza política necesaria para el cambio democrático modernizador y las reformas, en el tercero, el cambio revolucionario a partir del cual era posible reorganizar la sociedad e impulsar el desarrollo).
Para el caso del proyecto educativo, los gobiernos desarrollistas promovieron la capacitación de la mano de obra industrial y rural, la educación técnica media, la ampliación de la cobertura universitaria, la lucha contra el analfabetismo. Sin embargo (exceptuando el caso de Cuba) sus prioridades eran brindar un soporte al proyecto industrializador y en ello concentraron sus esfuerzos. Esto implicaba el fortalecimiento de los gremios económicos, desarrollo de centros de investigación económica asociados a estos gremios, modernización de las cuentas, las finanzas y las estadísticas nacionales para mejorar la planeación económica; la formación de economistas y administradores, y la capacitación técnica de los trabajadores. La formación de los principales intelectuales y cuadros políticos de las clases dominantes seguía desarrollándose en las universidades privadas y en el extranjero.

Las universidades públicas fueron transformadas en el sentido de los cambios propuestos por el desarrollismo, especialmente en cuanto a sus áreas técnicas y científicas. Fueron un espacio muy favorable para el desarrollo de un pensamiento crítico, social y político, de fuerte impacto en los movimientos sociales y políticos revolucionarios de la época. Las universidades, sus institutos de investigación y los sindicatos industriales y agrarios, se convirtieron en los principales espacios de desarrollo de una intelectualidad crítica y de formación política de los movimientos sociales de la época. Fueron complemento decisivo para los aprendizajes propios de la práctica social y política, que era el factor más dinámico de la vida social en esos años. El eje movilizador de todo este proceso era la entrega militante a la lucha por el cambio social estructural, esto es, el cambio revolucionario. Los contenidos eran fuertemente mesiánicos y las propuestas alternativas presentaban una gran claridad y precisión (casi a manera de receta) en clara identificación con los esquemas del socialismo real y de la teoría de la dependencia.

El gran debate se daba en torno a los contenidos, pues en cuanto a los procesos de aprendizaje, puede decirse que la mayoría de estos procesos formativos podrían identificarse dentro de lo que Freire identificó como educación bancaria, al menos en varios aspectos. Primero, por la visión mecanicista de la formación (educación es transmisión de contenidos de un sujeto hacia otro sujeto, que es el objeto de la relación pedagógica), el concepto del conocimiento (entendido como un objeto absoluto que una vez que se alcanza debe ser transmitido y no un proceso intersubjetivo creativo y dinámico), del sujeto pedagógico, del método pedagógico, etc. Por esto podemos decir que tanto como se dio una educación bancaria oligárquica y burguesa, asimismo también se dio su contraria, una educación bancaria de izquierda, ambas instrumentalistas aunque de signo contrario. Ambas impermeables a las peculiaridades culturales de la población latinoamericana debido a su concepción cientificista del conocimiento y de la praxis social y política. En ambas corrientes dado su carácter funcionalista, estructuralista e instrumentalista, a pesar de una ser individualista y otra colectivista, el ser humano en cuanto persona, no es el centro, pues el centro siempre es ocupado por el sistema, el vigente o el que se quiere implantar.

Es claro que en medio de este conflicto profundamente político e ideológico, un pensamiento como el de Freire era una auténtica revolución de pensamiento, un nuevo paradigma, pudiera interactuar y dialogar con los distintos polos, pero al mismo tiempo fuera discretamente marginado por cada una de las partes, pues implicaba una profunda crítica a todas estas concepciones pedagógicas desarrollistas. Pues para Freire la práctica pedagógica es un diálogo entre sujetos, una apuesta ética, un desafío antropológico y ontológico y no sólo un medio para un fin sistémico estructural más elevado al cual los seres humanos tienen que inmolarse. El sujeto para Freire no es el individuo, no es un movimiento político o un partido, ni siquiera un movimiento social, sino ante todo una comunidad de vida constituida por personas, que inserta en procesos sociales nunca pierde su raíz que es ser comunidad humana de vida, comunidad de base, comunidad local, allí donde la vida se torna algo concreto, cotidiano y no una épica mesiánica abstracta, y que se da tanto dentro de la vida cotidiana en el sistema vigente, como en el interior de las prácticas sociales y políticas por la transformación de dicho sistema. Donde el centro es que los seres humanos sean sujetos, es decir, seres que colectivamente van fortaleciendo su diálogo, su visión y participación de la realidad, su crítica y su autocrítica, su praxis transformadora humanizadora de la vida cotidiana y de las estructuras sociales. Y sobre todo Freire es quien con más profundidad reflexiona sobre el propio proceso educativo, pedagógico, y descubre que los contenidos no son la última instancia pedagógica. Esta es el tipo de relaciones en el marco de las cuales los contenidos se comunican o se construyen intersubjetivamente, una especie de contenido “oculto”, un “curriculum oculto” en el que se desarrollan relaciones de poder de distinto tipo. Esto conduce a la pregunta por la coherencia entre los contenidos y los procesos de comunicación de dichos contenidos. Para Freire la formación, la educación ante todo es un proceso de comunicación, no un método (una técnica finalmente) abstracto, una relación intersubjetiva colectiva, un diálogo siempre contextual y distinto acerca de problemas vitales. Por ello, ética, comunicación, diálogo y problemas vitales son el núcleo del proceso pedagógico. El pensamiento sociopolítico de Freire era desarrollista de izquierda, pero su pedagogía trascendía el desarrollismo. De ahí las ambivalencias de su recepción y su ulterior crítica.

Aun cuando el impacto intelectual de la obra de Freire trascendió a otros campos como la teología de liberación, la filosofía de liberación y el pensamiento crítico latinoamericano, así como también el pensamiento pedagógico en diversos países del tercer y también del primer mundo, el pensamiento de Freire no impactó fuertemente a las izquierdas, ni las universidades, ni los centros de investigación crítica. Para las izquierdas el pensamiento de Freire era incómodo y en el campo ético era considerado ingenuo; para las universidades era un crítico incómodo que desafiaba de modo implacable el poder académico tradicional; y para los centros de investigación crítica, era un crítico incómodo a su elitismo e intelectualismo. El gran impacto social del pensamiento de Freire se dió principalmente en las comunidades populares rurales y urbanas marginales de base, y en algunos movimientos sociales cercanos a la teología de liberación, que supieron comprender la profundidad y complejidad de su propuesta y la llevaron a la práctica enriqueciéndola con su propia experiencia. Inspirado en su pensamiento se desarrolló en nuestro continente desde los años setenta hasta hoy en día un amplio movimiento de “Educación Popular”, cada vez más diversificado (alfabetización, educación de adultos, reforma de la escuela, apoyo a movimientos sociales, apoyo a comunidades, etc.) y estrechamente relacionado con el movimiento de “Comunicación Popular”, las Comunidades de Base, los nuevos movimientos y redes sociales que ha continuado y desarrollado las líneas de reflexión educativa planteadas por Freire y por las nuevas realidades sociales y políticas latinoamericanas.

La dictadura neoliberal

La reacción de los grupos de poder más conservadores de América Latina, junto al temor que produjo en los gobiernos norteamericanos la apertura política y cultural que vivió América Latina en los años sesenta, condujo a una reacción violenta y dictatorial dirigida no sólo contra las izquierdas y los gobiernos reformistas (como en el golpe de Estado en Brasil), sino además contra el conjunto del proyecto desarrollista, incluido el desarrollismo nacionalista burgués (como quedó evidenciado en el golpe militar de Chile). Por eso el 11 de septiembre es una fecha tan emblemática para América Latina. Pues marca el surgimiento de lo que podemos llamar la era neoliberal en el continente. En efecto, el proyecto neoliberal promovido por la dictadura de Pinochet y el Departamento de Estado norteamericano a partir de 1973 realmente apuntó a una auténtica contrarrevolución estructural dentro del mismo capitalismo de reformas desarrollista.

Evidentemente los primeros objetivos de las dictaduras de Seguridad Nacional en América Latina fueron los militantes de la izquierda y los líderes sociales con gran protagonismo político. Miles de luchadores populares fueron asesinados, torturados, desaparecidos. Las principales organizaciones políticas y sociales de izquierda fueron prácticamente destruidas por vía del asesinato o la prisión de sus dirigentes, así como del terror sicológico contra sus miembros. Dentro de esta ofensiva fueron atacados profesores universitarios, centros de investigación, escuelas de formación, es decir, toda estructura de pensamiento, investigación y formación crítica. El control de las universidades fue entregado a grupos conservadores y derechistas, cuando no a militares. El objetivo era destruir las bases sociales, políticas e intelectuales de toda oposición de izquierda.

El segundo paso dado por las dictaduras fue empezar a desmontar todas las estructuras estatales económicas, sociales y educativas que el desarrollismo había construido, y que eran pilares del proyecto de desarrollo nacionalista y de coparticipación de todas las clases. Se iniciaron las contrarreformas laborales, el desmantelamiento de los organismos de promoción del Estado para la industria nacional, la eliminación paulatina de barreras arancelarias que protegían las industrias nacionales, la apertura a los capitales extranjeros, se desmontaron los institutos que promovían la reforma agraria desarrollista.

El tercer paso fue iniciar las reformas estructurales neoliberales que transformarían a fondo nuestras economías y nuestras sociedades. Las políticas centrales más importantes fueron la liberalización o apertura de la economía a los capitales extranjeros, la privatización de toda la economía tanto a nivel productivo como de los servicios, la privatización de todas las empresas públicas (energía, transporte, telecomunicaciones, recursos naturales, industria de bienes y servicios, etc.) o mixtas construidas y/o fortalecidas en la etapa anterior y finalmente la entrega de la soberanía económica y la soberanía sobre la política económica a los organismos multilaterales de desarrollo y de finanzas (BM, FMI) que dictaron las políticas económicas de todos nuestros países durante los años 80s y 90s, y las siguen dictando hoy en día en muchos países gracias al mecanismo de chantaje que significa la deuda externa.
Todo este proceso estuvo dirigido por una ideología no sólo económica sino global a nivel social y político, consistente en una idolatría de acuerdo con la cual el mercado es el único instrumento regulador eficiente de los intercambios sociales tanto económicos como culturales. De este modo, entregar todas las relaciones sociales al destino de las fuerzas del mercado, es lo que garantiza mayor eficiencia social. Sometidos a la democracia del mercado, sólo los eficientes se salvan mientras los ineficientes perecen. Se trata de la ley de selección natural en la vida social. La ley del sálvese quien pueda (quien se salva es en esta ideología el eficiente, mejor y por tanto el que debe salvarse para el bien de toda la sociedad). Esta ideología exacerbada a nivel global tras la caída del socialismo y el triunfalismo del capitalismo global, gobierna hoy a nivel global y conduce la actual estrategia de globalización, que no es otra cosa que la estrategia de los grandes capitales a nivel mundial, que hacen de todos los pueblos y economías, objetos de su lucro y depredación. Es obvio que para este proyecto el nacionalismo e integracionismo desarrollista era un gran obstáculo.

Entregar toda la vida social a la lógica del mercado es entregarla a la lógica del poder económico y político. De este modo los poderosos son cada vez más poderosos y los débiles cada vez más débiles, y ya no hay un estado que deba velar por el bien común, por la suerte de los más débiles para equilibrar un poco la balanza desigual del poder en la sociedad, que era una de las razones del estado desarrollista o de bienestar. Así es como hoy en día casi todas las ramas de la economías están dominadas por grandes empresas multinacionales o monopolios con mayor poder económico y político que la gran mayoría de los estados del tercer mundo, pero también en algunos casos con mayor poder que un estado del propio primer mundo.

Sin embargo significa además que sometida toda la vida social al cálculo monetario, los procesos de destrucción de la naturaleza, de las relaciones sociales (por la inseguridad laboral y la exacerbación de la competencia por las fuentes de trabajo) y de la cultura se acrecentan en la misma medida en que tras esa destrucción pueda obtenerse algún margen de lucro económico. Y de este modo la crisis ecológica global y el efecto de calentamiento del planeta avanzan sin límite alguno en las esferas del poder guiadas ahora por el lucro económico. El cuidado del planeta queda ahora en manos de una sociedad civil que ha sido debilitada al destruirse su soporte institucional en los Estados y por otra parte al ser condenada a la lucha por la supervivencia en un mundo económico cada día más incierto e inseguro. Una sociedad civil de la que ahora se reclaman las grandes transnacionales como sus principales representantes.
Qué significa un modelo así en términos educativos? La mercantilización de la educación. Esto significa la privatización de las universidades públicas cada vez más al servicio de intereses empresariales, y el auge de las universidades y colegios privados y extranjeros en la región. La autonomía científica, investigativa y tecnológica de las naciones deja el lugar para la liberalización del flujo de conocimientos bajo fuerte control monetario (de quienes financian los proyectos de investigación), por medio de las patentes en manos de las grandes transnacionales para obtener control de mercados, de precios y poder político, como sucede en el campo agrícola con los productos transgénicos, controlados por multinacionales como la Monsanto. La investigación al servicio del lucro y ya no al servicio de la nación y mucho menos de la vida humana (como es el caso de las vacunas contra el SIDA y otras enfermedades mortales). Esto se acompaña del culto al trabajador flexible, que ya no tiene identidad profesional sino que es capaz de adaptarse con gran flexibilidad a la gran cantidad de miniempleos temporales que el mercado le ofrece. La mercantilización de los medios pero también de los fines lleva a proponer, por ejemplo, que la decisión que un sujeto haga de su futuro profesional no esté dictada por una opción existencial sino por un análisis de mercado y un cálculo de interés monetario a largo plazo, algo que las reformas educacionales en América Latina promueven desde hace varios años dirigidas por el Banco Mundial.

La resistencia a este tipo de proyectos y políticas fue constante en América Latina desde un principio. En la etapa de las persecusiones, desapariciones y asesinatos surgió un fuerte movimiento por la defensa de los derechos humanos y especialmente el derecho a la vida. Luego la lucha contra las privatizaciones y los procesos de liberalización fue el centro, y en los años recientes tomó fuerza la lucha por la defensa de los derechos humanos entendidos como derechos económicos y sociales, pero también culturales y ecológicos. Obviamente frente a un régimen cada vez más excluyente y un estado cada vez más debilitado y sin espacios de reconocimiento de la legitimidad de la oposición y protesta social, las luchas sociales han ido enfocándose cada vez más en una lógica ya no integracionista, sino identitaria y más recientemente rupturista, y eso es lo que ha ido sucediendo en América Latina en los últimos 8 a 10 años. Rupturista en el sentido de buscar ya no una reforma del orden neoliberal sino su transformación completa hacia un orden social y político verdaderamente incluyente

Uno de los impactos positivos de la caída del socialismo real en América Latina, fue que obligó a superar la ingenuidad del pensamiento alternativo sobre las propuestas de cambio social, y a reconocer que a pesar de que el socialismo real se había propuesto superar al capitalismo como modo de organización y vida social mucho más humano, había quedado preso al mismo tiempo de ciertas matrices culturales, que podían al mismo tiempo explicar en alguna medida su derrumbe a finales de los años 80s y principios de los 90s. La crítica ya no era sólo hacia afuera (el mal está fuera), sino que el problema también estaba al interior de propio pensamiento y cultura crítica y alternativa. Esto produjo más apertura a las nuevas ideas, promovió nuevas reflexiones, nuevas imaginaciones utópicas como se vería ya muy pronto en el año 1994.

En el contexto de persecución, y de posterior desmantelamiento de la infraestructura institucional de interés público, los movimientos sociales tuvieron que buscar apoyo formativo de sus propias y limitadas fuerzas. Y ante el cierre de los espacios públicos tuvieron que enfocarse en los espacios locales y las relaciones cotidianas en los cuales era posible una vida social activa. De este modo, a pesar de la represión neoliberal, florecieron muchos movimientos locales e identitarios en los cuales la resistencia popular podía mantenerse y desarrollarse.

Este proceso identitario obedecía además, a una maduración propia del pensamiento crítico, que nacido de matrices universalistas, veía la necesidad de trascender la generalidad universalista y estructuralista, para entrar en la complejidad de lo cotidiano, de los modos de vida concretos de sujetos ya no universales abstractos sino sujetos concretos con género, raza, cultura, etnia, y microhistoria concretas. Un caso muy claro en este campo es el caso de la teología latinoamericana de liberación, que en los años 80s y 90s asistió a una gran diversificación de las reflexiones, a partir de tomas de posición de movimientos eclesiales, comunidades de base y teólogos y teólogas concretos que iniciaron reflexiones teológicas liberadoras pero ya no sólo en clave socioeconómica, sino además en clave de género, de raza, de etnia, de generación, de mundo de la vida (ej. Campesino, o urbano).

Importante ver que en ese transitar se fue pasando poco a poco de la reflexión identitaria, y de la hermenéutica en clave identitaria o específica, a la construcción de cosmovisiones globales en clave de género, de raza, de cultura, de etnia, dando origen ya no a teologías feministas de liberación, sino a nuevos enfoques epistemológicos y teológicos de género y de generación, indígenas, teología negra, etc. Es decir, la parte ya no se veía a sí misma como parte sino como un mundo, conviviendo con otros mundos.
En ese pensarse los propios movimientos a sí mismos en el contexto de un mundo cada vez más destructor, fueron aflorando visiones cada vez más radicales de la vida y la sociedad. El cuestionamiento se lanzó contra la propia modernidad. Cuando en los 90 llegó a Latinoamérica el pensamiento posmoderno, la reacción de la mayoría de intelectuales críticos de la generación de los 60 y 70 fue tremendamente fuerte. Se llegó incluso a ver en el pensamiento postmoderno una nueva ideología del poder global. Sin embargo muchos de estos movimientos sociales nuevos se sentían muy a gusto con varios de los motivos de la reflexión postmoderna. Especialmente su rechazo al racionalismo, al universalismo de la razón, a las visiones totalizantes de un pretendido sujeto omniabarcante, a su obsesión por la verdad única, su intolerancia e incomodidad frente a la diferencia y la pluralidad, su burla frente a la pretendida solemnidad del poder y las estructuras, su reivindicación de lo microsocial como resistencia, etc. Con el paso del tiempo pudo irse perfilando un pensamiento que se afirma como un postmodernismo de izquierda, ni escéptico ni melancólico frente al cambio social, pero sí capaz de retomar muchos de sus motivos. El escenario concreto era en muchos sentidos estrictamente postmoderno. Y el sentido común pero sobre todo la vivencia antes que la especulación intelectual, exigían un diálogo con el postmodernismo crítico libre de prejuicios dogmáticos.

Por esta razón, cuando surgió el grito indígena zapatista, la mayoría de movimientos sociales se sintieron tan plenamente interpretados y representados. No en el sentido de representación política, sino en el sentido de interpretados y representados en cuanto a concepción del mundo, de la sociedad, de la política y la lucha. Y en muchos sentidos el pensamiento zapatista retoma con mucha sutileza y lucidez muchos de los motivos postmodernos. Con consignas plenas de sabiduría milenaria, los zapatistas lograron poner en términos del lenguaje popular y no en términos del cada vez más obstruso lenguaje academicista, las ideas que muchos grupos sociales venían intuyendo o formulando. En frases ya legendarias como: “Una sociedad donde quepan todos”, o “Un mundo donde quepan muchos mundos”, o “mandar obedeciendo”, o “marchar al ritmo de los más lentos” o “detrás de nosotros estamos ustedes”, o “cambiar el poder sin tomar el poder”, los zapatistas expresaban las bases de un nuevo paradigma político que antes que una nueva teoría política o antes que un nuevo programa político apunta a una nueva concepción de la política y de lo político, de la cultura y la interculturalidad, de lo local y lo global, etc.

En el fondo, la resistencia contra el neoliberalismo puso de presente que la lucha no era sólo contra el liberalismo, contra las dictaduras, ni siquiera contra el capitalismo, sino contra la modernidad misma. Es decir, que el cambio cultural es condición del cambio político, y no a la inversa como normalmente se pensaba. O en otras palabras, que existe una circularidad entre la dinámica del cambio cultural y el cambio político, al menos es lo que puede verse en nuestra América Latina de hoy.

De manera que en esta etapa, mientras los partidos de izquierda y los sindicatos, emblemas del imaginario desarrollista de izquierda, centraron todas sus mejores energías en la lucha contra el neoliberalismo y sus políticas, y por otra parte luchaban por reformarse a su interior para superar el esquematismo y responder a los nuevos procesos económicos, políticos y sobre todo culturales, al mismo tiempo en muchas comunidades y localidades, se daba una auténtica explosión de luchas y movimientos locales, que adelantaban otro tipo de reflexiones, de tipo ya no reivindicativo frente al Estado y que reclamaban nuevas leyes o contextos institucionales, sino que se preguntaban por los significados sociales más profundos que daban identidad a determinados sujetos sociales (mujeres, comunidades negras, comunidades indígenas, jóvenes, etc.), sus raíces culturales, su contexto concreto y sus nuevas y viejas búsquedas resituadas. Y se preguntaban constantemente sobre los nuevos paradigmas epistemológicos, culturales y políticos. A nivel político, se constituyeron en los años noventas especialmente muchos gobiernos locales compuestos por fuerzas de izquierda en alianza con movimientos sociales o movimientos cívicos populares. Así se inició una de las mayores experiencias de aprendizaje de lo que significaba participar en las instituciones estatales, ser gobierno y participar en contextos muchos más complejos pudiendo atender las demandas de la población con nuevas herramientas.

De esta manera fue surgiendo nuevos temas de reflexión sobre los gobiernos locales, los poderes locales, la lucha al interior de las instituciones, la complejidad de las instituciones estatales, la relación entre movimientos sociales y gobiernos locales, el carácter político de los movimientos sociales, etc.
Por lo tanto, a) la defensa de la vida humana como criterio supremo de justificación de las luchas sociales (antes que la construcción de determinadas estructuras), b) la creación de nuevos paradigmas de pensamiento y acción que superen las matrices modernas, capaces de ir más allá del racionalismo, del universalismo monológico, el instrumentalismo, la dialéctica objeto-sujeto, la ética del deber represiva y autoritaria, el antropocentrismo, es decir, una crítica civilizatoria y no sólo estructural o coyuntural a la sociedad, c) la construcción de las nuevas relaciones sociales e institucionales a partir del poder y capacidad creador de las propias comunidades, aún en contextos de sistemas sociales excluyentes, d) la importancia del diálogo, la comunicación, la coherencia entre teoría y práctica, el encuentro de comunidades de vida en los procesos de construcción de ese otro mundo posible, son al menos 4 de los más importantes nuevos motivos aprendidos por la práctica de los movimientos sociales latinoamericanos en los años 90s.

Que sucedió con la lucha en el campo educativo? En primer lugar ha sido durante todos estos años que los movimientos estudiantiles han mantenido su lucha por la defensa de la educación pública a pesar de los procesos de privatización, que no ha podido concluirse plenamente debido a la fuerza de las resistencias. Por otra parte, la educación política de los trabajadores y obreros ha sufrido duros golpes debido a la guerra neoliberal contra los sindicatos, principales apoyos económicos de las escuelas de trabajadores, y también debido a los procesos de privatización de las empresas públicas y los servicios, la seguridad social, etc., y la ideología neoliberal contra el desarrollismo dentro del cual el sindicalismo era una pieza fundamental. Asesinatos de dirigentes sindicales, debilitamiento económico y organizativo de los sindicatos ha conducido a debilitamiento de la formación sindical. El debilitamiento y conservatización de los centros de investigación universitarios también ha debilitado la formación de intrelectuales y proyectos críticos de formación. La crisis ideológica de las izquierdas con la caída del socialismo terminó de apuntalar este proceso de debilitamiento de la formación política de los movimientos sociales y políticos críticos.

Sin embargo y debido a este proceso, los nuevos movimientos sociales tuvieron que ir formando sus propias escuelas de formación, en un clima de orfandad ideológica, lo que contribuyó a la búsqueda de nuevos enfoques, nuevos paradigmas culturales y políticos y educativos, y se produjo entonces un reencuentro de la corriente de la educación popular con estos nuevos movimientos sociales. También la educación popular ha vivido su propio proceso de transformación a medida que el contexto ha sido transformado. Comenzó a hablarse desde 1990 de la necesidad de una refundamentación de la educación popular. Ante un contexto en el que los cambios revolucionarios no se veían posibles, la educación popular reflexionó sobre su sobre-politización de la época anterior, inició un proceso de acompañamiento de los nuevos movimientos sociales y los temas identitarios que ellos planteaban, igualmente inició una reflexión sobre los límites del paradigma tradicional moderno de izquierda y el reencuentro con las culturas indígenas, las críticas feministas al patriarcalismo milenario y los desafíos de la ecología a las concepciones modernas y al desarrollismo latinoamericano incluido el revolucionario. Otro tema que empezó a desarrollar fue el de el impacto de las transformaciones científicas y tecnológicas en la vida cotidiana de las comunidades populares, el concepto mismo de lo popular transformado por las nuevas teorías de la comunicación y la recepción, y los procesos culturales de hibridación, los límites del estatalismo y la recuperación de los potenciales autoorganizativos de los seres vivos y dentro de ellos de los grupos humanos y comunidades, lo que implicó revaluar algunas ideas marco del pensamiento de Freire y al mismo tiempo recuperar otras que en el período anterior no habían tomado gran protagonismo en la educación popular. Aquí el tema de la ética y del sujeto, y de la cultura popular vinculada a los procesos vitales desarrollados en la cotidianidad comenzaron a ser cada vez más recuperados. Se trató de un paso del estructuralismo a la dimensión vital de lo cotidiano y al peso de las culturas en los modos de vida y resistencia.

El pensamiento de Freire en este nuevo contexto cobró una fuerza mucho mayor, pues la tendencia giraba hacia la importancia del sujeto (pero no del sujeto abstracto –categoría sino del sujeto concreto humano comunitario y personal antes que “social”, diverso, generizado, racializado, culturizado, abierto a la diferencia y el disenso pero al mismo tiempo a la solidaridad y el apoyo mutuo, al ser mas), a la importancia de la comunicación y el diálogo no como medio sino como contexto y condición de posibilidad de construir mundos nuevos, y sobre todo a la coherencia entre el decir y el vivir, entre lo dicho y lo hecho , se hizo presente en muchos movimientos sociales de la época. Y sobre todo porque para Freire la ética es el fundamento mismo del vivir humano, del conocimiento y la educación, antes que la razón abstracta, la verdad o la pretendida objetividad unívoca de los sujetos trascendentales lo cual ayuda mucho a orientar las búsquedas en épocas confusas como las que tuvimos que vivir en los años 90s. Cuando los proyectos claros cayeron, nuestra lámpara que nos guiaba en el oscuro túnel de la pretendida falta de alternativas y del pretendido fin de la historia, fue la ética, pero no la ética autoritaria de la ley, que es como algunos la comprenden, sino la ética del servicio a las víctimas de la exclusión que eran más que evidentes a pesar de haber caído la sociedad de la certeza alternativa. Por esto Gustavo Gutiérrez expresó con gran claridad que incluso no era importante si la teología de la liberación moría como movimiento y pensamiento teológico, puesto que el problema de fondo era qué hacer frente al desafío de la pobreza cada vez mayor en esta era de globalización neoliberal.

La rebelión contra el neoliberalismo

En los últimos 10 años se fue viendo con cada vez mayor claridad que a pesar del gran daño producido por el modelo neoliberal en América Latina, las fuerzas de la vida, eran mayores que las fuerzas del poder y del lucro capitalista. Así fue como en muy pocos años pueblos completamente debilitados, humillados, pauperizados económicamente por el neoliberalismo, fragmentados por las políticas represivas y de acoso económico, decidieron decir basta y hacer valer su deseo y decisión de defender la vida humana misma. En poco menos de diez años los pueblos de la región han depuesto los gobiernos neoliberales en Argentina, Venezuela, Brasil, Bolivia, Ecuador y han impuesto nuevos gobiernos caracterizados en su mayoría como de centro izquierda, indígenas, populares o revolucionarios. En algunos casos como Venezuela, Bolivia y Ecuador los nuevos gobiernos expresan una más clara voluntad de transformación de la sociedad en el camino de un humanismo concreto de atención a las necesidades de la población más excluida y pobre de la sociedad, y de constitución de sociedad con mayor justicia social y económica, mayor equidad, de recuperación de los bienes públicos para el conjunto de la población, y no para unos pocos, y de soberanía en todos los campos. Una más clara voluntad de transformación que significa mayor voluntad y por tanto decisión de enfrentar los poderes económicos oligárquicos tradicionales y las políticas de dominación del gobierno de Estados Unidos.

Las grandes dificultades que enfrentan estos nuevos gobiernos y movimientos sociales provienen de un contexto como el actual en el cual las instituciones internacionales y los poderes mundiales económicos, políticos y militares persisten en la lógica del lucro capitalista neoliberal y de dominación del Norte sobre el Sur. Por otra parte una gran parte de la sociedad civil ve con simpatía pero al mismo tiempo con temor tales cambios, debido al miedo que provoca imaginarse la reacción violenta imperial, pero además debido al miedo que provoca la idea que las sociedades complejas de hoy en día puedan cambiar. Tan fuerte se ha afianzado la ideología de que el capitalismo es la única sociedad posible, y a su interior el neoliberalismo no muy agradable pero eso sí la única alternativa.
Es como si hubiera la convicción generalizada de que el rumbo de la humanidad tiene que cambiar, pero al mismo tiempo la idea que no hay alternativa clara, y que intentar cambiar el mundo es más riesgoso que intentar sobrevivir dentro de él (adaptación).
En este sentido a las líneas educativas señaladas en el acápite anterior, hay que añadir algo que Freire siempre enfatizó desde un principio: el principal enemigo de las transformaciones es el miedo a la libertad, el miedo a la transformación, el miedo a pisar terrenos inéditos y poco conocidos.

En medio de este temor va poco a poco creciendo un movimiento ciudadano mundial de búsqueda de una nueva cultura, de nuevos modos de economía, basados más en la escala humana que en la escala cuantitativa abstracta de un cálculo de costo y utilidades, se va mostrando cada vez más que otra cultura global es posible, de respeto a la naturaleza, a la vida humana y a las diversas culturas, otro paradigma de la política y de la economía es posible, y que ello pasa por reintegrar los descubrimientos hechos por las dinámicas locales, por los sujetos específicos y los pensamientos globales con conciencia de particularidad (género, raza, etnia, generación, clase), otros pensamientos sobre lo político y la política, otras epistemologías.

Los retos para una educación crítica, popular y alternativa, son cada vez mayores, sobre todo en el contexto de la revolución en los campos del conocimiento, la información y la comunicación, que cada día son mejor aprovechadas por los movimientos locales y alternativos, y frente a las cuales los poderes globales intentan recuperar un control total, todavía sin éxito.

La pedagogía que se impone en estos tiempos de búsqueda de alternativas y prácticas constructivas es una pedagogía del encuentro, de la esperanza, de la creatividad del experimentar nuevas formas de vida y comunidad, y a partir de una multitud de sujetos que no son centralizables organizativamente, sino que se relacionan por medio de redes y acciones comunes, y cuyo pensamiento no es sintetizable en cuanto a contenidos únicos y comunes, sino que es un constante fluir comunicativo y diálogo de saberes y de propuestas que van teniendo impactos pequeños pero con efectos mayores a través de las redes, impactos no controlables ni planificables, pero que se fortalecen con la propia comunicación y práctica cada vez más compleja de los movimientos y comunidades.
Es un nuevo pensamiento que no opera a partir de modelos estructurales sino de sujetos en diálogo e interacción, pequños espacios de poder local interconectados que van desarrollando redes mas fuertes y solidarias, y que como en el caso de America Latina se ven apoyadas y estimuladas por gobiernos nacionales, pero que no son dependientes sino interactuantes con estas lógicas gubernamentales dentro de la lógica del mandar obedeciendo como línea de gobierno, y en los cuales la ética cumple un rol creciente en la perspsctiva de la coherencia y el diálogo intercultural, y por tanto es una ética más de la escucha y del diálogo que una ética formalista de cumplimiento de leyes y máximas postuladas por y para un sujeto trascendental enamorado de sí mismo y sus propias proyecciones.

El surgimiento de nuevos gobiernos progresistas en América Latina ha creado un nuevo contexto que de nuevo resitúa los procesos de la educación popular y el pensamiento asociado a tales procesos. En el movimiento de Educación Popular, por ejemplo, desde 2003 los ejes definidos para el debate han sido las relaciones entre la Educación ¨Popular y los Nuevos Paradigmas, los Movimientos sociales, la democratización de las estructuras políticas y los espacios públicos, el cultivo de la diversidad y la lucha contra todas las formas de discriminación, así como los sistemas y políticas educativas. Todo ello puede mostrar que se trata de una cierta síntesis en nuevo contexto de muchos de los temas de la etapa desarrollista y de los temas de la etapa de crítica al período neoliberal que aún no termina pero que ya va en retirada. Esto es una señal esperanzadora, pues significa el reencuentro del pensamiento crítico estructural con el pensamiento crítico movimientista e identitario de los años 80s y 90s. De reencuentro entre lo institucional y lo extrainstitucional, del necesario universalismo de una propuesta y la necesaria diversidad de pensamientos y paradigmas culturales populares, etc.

Conclusión

Hemos intentado mostrar de manera muy general y apretada, que los desafíos a la educación en America Latina han estado en estrecha relación con un contexto social, económico, político y cultural, contextos además conflictivos y cuya conflictividad es compleja y fluida, y no es una conflictividad predeterminada y fijada por relaciones estructurales, sino por la dinámica de sujetos comunitarios y sociales que luchan por desarrollar sus condiciones de vida y la sociedad de la que forman parte. En ese caminar, el pensamiento de Freire ha sido siempre un pensamiento compañero de camino, que en cada contexto ha brindado aportes sustanciales, aportes que hemos querido resaltar, pues el tema nuestro no es Freire en sí, sino Freire como compañero de un camino de liberación, de humanización, de transformación, que es nuestro tema central, pues es nuestra vida y la de nuestros hijos e hijas, y por lo cual cobra sentido preguntarse por los desafíos a una educación crítica y liberadora.

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